martes, 4 de noviembre de 2008

Obama, ¿presidente?

Las últimas encuestas estadounidenses (Washington post, NYT..) y la noche de Halloween con sus caretas presidenciales auguran una victoria del candidato demócrata. Pero, aparte de los “votos perdidos” o de las nuevas normativas que impiden a grandes sectores demócratas votar, hay otros factores que me inclinan a pensar que Obama no lo tiene todo ganado. La sociedad estadounidense tiene grandes vestigios de su época esclavista, donde la superioridad del hombre blanco era incuestionable, y en algunos lugares (del cerebro de algunas personas) ese sentimiento no está del todo erradicado, y me temo que no son pocos los que, en el fondo y nunca en público, todavía piensan así.

De todos modos, y aunque Obama consiguera superar los estragos racistas, deberá superar los estragos racistas de su propia comunidad. Barack Obama no es un trabajador de una fábrica que tiene dos trabajos para tener el equivalente a un sueldo al mes, no vive en un barrio bajo ni lleva pantalones anchos ni sabe rapear. Dudo mucho que gran parte de la sociedad se identifique con él, puesto que su comportamiento es el de un señor venido de Harward con trajes caros y zapatos bonitos. Es un señor, con todo lo que ello comporta. Incluso el alejamiento ideológico de tantos ciudadanos.

Es una persona que vive entre dos mundos, su imagen representa a colectivos con los que no tiene nada que ver, y auque su campaña le pinte como el salvador de la situación actual, habrá que ver hasta qué punto confían en él los americanos.

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